No podíamos creer la majestuosidad de estos testigos de la humanidad. ¡Una cosa es verlos en fotografías, otra es poder tocarlos y sentirlos! Deseábamos quedarnos allí por siempre para aprender más acerca de la vida y de cómo hacer feliz a la naturaleza y pasar estos sentimientos a nuestros semejantes y sucesores. Mi hija no sabía a cual abrazar, a ninguno podía abarcar, así que con amor, uno a uno, abrazó a muchos. Yo quería pedirles perdón en nombre del mundo por no saber apreciarlos en todo su valor, también deseaba que de alguna manera pudiese recibir algo de su energía, su resistencia y conocimientos. Casi a rastras nos tuvieron que sacar de Yosemite, un patrimonio del mundo.
AUTORA: FANNY MORENO
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